La gran diferencia entre saber karate y ser un karateka

Debido a la influencia del budismo zen en las artes marciales, especialmente las japonesas, hay muchos conceptos que están íntimamente enlazados con su práctica; sin embargo, posiblemente debido a las diferencias entre las culturas, cuando el karate-dō tuvo su ola expansiva a nivel mundial muchos de estos preceptos se diluyeron en el tiempo, muchas veces, quedando tan solo la forma y la fuerza mas no el conocimiento concienzudo del fondo, del camino integral que debe ser insoslayable en un artista marcial.

Para retomar o continuar en el camino es preciso entender dos conceptos, Seishin Tanren (精神鍛錬) y Seishin Shugyō (精神修行). El autor H. E. Davey en su libro «El camino japonés del artista» explica que seishin significa «espíritu» y tanren significa «forjar», en este mismo orden de ideas, cuando se toma la decisión de participar en un Ryū (流 – tradición, escuela o sistema del arte cultural japonés con una metodología integrada y global desarrollada por un fundador y perpetuada por sus discípulos), ello representa un compromiso serio, ya que dichos ryū no están dirigidos principalmente a la adquisición de habilidades técnicas, cómo por ejemplo golpear o aprender katas.

Si bien el conocimiento de las técnicas puede transmitirse, llegar a la verdadera habilidad en estas técnicas, no importa cuán efectiva sea la instrucción, sigue siendo un asunto intensamente personal. Más aún, ningún individuo puede simplemente otorgar a otros una habilidad; debes encontrarla tú mismo, pues cada vez que se encuentra un nuevo nivel de conciencia y comprensión, es cuando en realidad se está aprendiendo la verdadera naturaleza del «Camino». Así pues, y a pesar de la concepción generalizada, la práctica del budō no pretende enseñar a los estudiantes cómo derrotar a un oponente; sino que las formas, técnicas y métodos son un vehículo para el seichin tanren. De la misma manera que una katana, el espíritu se forja siguiendo el Camino (Dō – 道).

Video 1 Cortesía: El espíritu del budō.

Sin duda, forjar el espíritu es una idea común a todos los Dō, particularmente las artes marciales que originalmente descendieron de la clase guerrera. Del mismo modo que para forjar adecuadamente una gran katana es necesario un calor intenso y fuertes golpes del martillo del herrero, un estudiante del Camino debe purificar, fortalecer y agudizar su espíritu mediante la práctica del Dō, misma que puede parecer demasiado severa hasta el momento en que se entiende su verdadero propósito. Es importante anotar que durante el proceso de forjado, la katana ciertamente está expuesta a altas temperaturas y golpeada con fuerza, pero demasiado calor o demasiada fuerza producirán defectos; y, durante el temple, sumergir la espada por demasiado tiempo o en agua demasiado fría también generará defectos. Por ende, forjar una katana de alta manufactura requiere calor y fuerza, pero también sensibilidad y conciencia, y, de la misma manera, con el seichin tanren la práctica y el estudio del Camino requiere equilibrio y moderación. El espíritu de un estudiante debe ser forjado pero nunca roto.

Yasuhiro Uema, Kancho de Okinawa Shorin-ryū Karate-dō Kyokai Shubukan Uema Dōjō en Shuri, Okinawa, en una entrevista dijo: «Nuestro karate no es un deporte sino un budō, cuando digo budō me refiero a templar el ser. Nunca rendirse. Este espíritu se puede alcanzar solo si uno se entrena duro con todas sus fuerzas. Simplemente ponerse un gi y decir ‘yo practico karate’ no conducirá a nada bueno. La fuerza espiritual solo se obtiene a través del entrenamiento duro. Entonces, más que un deporte, se trata de templar el espíritu, es una forma de forjarse a sí mismo».

Foto 1 Cortesía: Okic.okinawa, El sensei de Shurite Shorin-ryū Yasuhiro Uema en su dōjō Shubukan Uema.

Si dichos Caminos son los vehículos para el seichin tanren, es porque no están diseñados únicamente para proporcionar instrucción en una actividad específica. Todos los Caminos, dado su énfasis en seishin tanren, pueden considerarse formas de seichin shugyō. Shu (修) significa disciplinar, conducirse bien, estudiar o dominar, y Gyō (行) generalmente se reduce como viaje o avanzar, el término podría traducirse como «prácticas austeras». Los okinawenses creen que el seishin shugyō o entrenamiento espiritual viene primero, e incluso usan la frase «Oku myo zai ren shin», que quiere decir que para encontrar los secretos, primero se debe tener entrenamiento espiritual. Adicionalmente, dicen que se debe pulir el corazón a través del pulido de la técnica. Por ejemplo, los períodos de meditación, a veces prolongados, que se realizan en el entrenamiento especial de los artistas marciales durante la época más fría o más calurosa del año, kan-geiko (寒稽古) y shochu-geiko (暑中稽古) respectivamente, pueden considerarse como shugyō dentro de las formas del Dō. En breves palabras, seishin shugyō podría entenderse como el entrenamiento diario y de por vida en el Camino.

Video 2 Cortesía: Budō: The Art of Killing, El sensei Teruo Hayashi durante una sesión de kan-geiko.

En las sabias palabras de Yagi Meitatsu, Presidente de la Asociación Internacional de Karate-dō Gojyu-ryū Meibukan, «nuestro sensei solía repetir que quienes practican karate no deberían entrenar solo karate. A través del karate las personas deberían aprender sobre la vida, es por eso que se hace hincapié en la actitud espiritual adecuada. El karate se trata de autodefensa, se trata de nunca atacar a alguien. Hoy este arte se puede dividir en dos: karate budō y karate deportivo. En nuestro dōjō no practicamos karate deportivo en absoluto. El karate se extiende por todo el mundo, por lo que hay diferencias en la religión o las formas de comunicarse, pero al final lo que la gente hace es lo mismo… pulir el corazón a través del pulido de la técnica. Al observar el karate en el extranjero, es claro que el kumite libre se ha convertido en la corriente principal, pero al llegar a cierto nivel, muchos sienten la necesidad de regresar a la fuente, al lugar de nacimiento que es Okinawa para redescubrir la historia, la espiritualidad, la técnica y el bunkai. El dōjō también es parte de la vida y un lugar de intercomunicación donde personas de diferentes horizontes se reúnen para intercambiar ideas y hacerse amigos. Este es un propósito importante del karate, espero que muchas personas alrededor del mundo practiquen karate y que todos puedan vivir en paz, de eso se trata».

Foto 2 Cortesía: Bodhidharma.guru, El sensei de Yagi Meitatsu en su dōjō de Karate-dō Gojyu-ryū Meibukan.

Está más que claro que existe una diferencia abismal entre saber karate y ser un karateka, es importante que en la actualidad en la cual vivimos, siempre con afán y adicta a la gratificación instantánea, hagamos una pausa para evaluar nuestro arte y volver al origen, forjar nuestro ser, y el de nuestros compañeros practicantes, en una katana digna de un balance fundamental entre forma y fondo.

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