El origen de un arte y un estilo de vida

En términos generales el imaginario colectivo se traslada a Asia cuando se habla de Artes Marciales; sin embargo, la guerra entre los pueblos de la humanidad se remonta a principios de la era neolítica, y tras dichas guerras han quedado vestigios plasmados en obras de arte en las cuales se aprecian representaciones de batallas que hoy sirven como prueba para rastrear el origen de las artes marciales o de combate. Tal es el caso de pinturas rupestres que se pueden encontrar en el este de España fechadas entre 10,000 y 6,000 a. C. que muestran grupos organizados que luchan con arcos y flechas.

Foto 1 cortesía: Lost on Art, Escena bélica en una pintura rupestre.

Vale la pena anotar que las artes marciales se pueden dividir en artes armadas y desarmadas. Las primeras incluyen tiro con arco, lanza y esgrima; las segundas, se piensa, se originaron en China, enfatizando los golpes con los pies y las manos, y por supuesto los agarres. No obstante, la lucha libre es el deporte de combate más antiguo, con orígenes en el combate cuerpo a cuerpo. Adicionalmente, la «lucha libre de cinturón» fue representada en obras de arte de Mesopotamia y el Antiguo Egipto alrededor del año 3,000 a. C., y más tarde en la Epopeya de Gilgamesh en Sumeria.

Foto 2 cortesía: Wiki Commons, Detalle del fresco de lucha libre en la tumba 15 en Beni Hassan, una localidad del Egipto Medio, situada en la orilla oriental del Río Nilo.

Las artes marciales chinas se originaron durante la legendaria Dinastía Xia hace más de 4,000 años. Cuenta la historia que alrededor de 2,698 a. C. Huángdì (黃帝), el Emperador Amarillo, introdujo los primeros sistemas de combate en su imperio, tras haber escrito largos tratados sobre artes marciales incluso antes de convertirse en el líder de China, cuando aún era tan solo un general.

El pilar del crisol

La base de las artes marciales asiáticas modernas podría decirse que nace de una mezcla de las primeras artes marciales chinas e hindúes. Durante el período de los Reinos Combatientes de la historia china, 480-221 a. C., se extendió ampliamente el desarrollo de la estrategia marcial, según lo descrito por Sun Tzu en su libro El Arte de la Guerra. Asimismo, la evidencia escrita de las artes marciales en el sur de la India se remonta a la Literatura Sangam (சங்க இலக்கியம்), circa del siglo II a. C. al siglo II d. C., dejando claro que las técnicas de combate del período Sangam fueron los primeros precursores de Kalaripayattu.

Además, ciertos relatos legendarios vinculan el origen del Shàolínquán (少林拳), más conocido como Kung-fu Shaolin, con la propagación del budismo desde la antigua India hacia China a principios del siglo V d. C., con la figura de Bodhidharma, quien según la leyenda fue quien comenzó el entrenamiento físico de los monjes del Templo Shaolin. De dicha manera, uno de los primordiales aspectos de unificación de las artes marciales del este asiático, que las distingue de otras artes marciales, es la influencia del Taoísmo y el Budismo Zen.

Foto 3 cortesía: Wiki Commons, «La luna a través de una ventana que se desmorona», Bodhidharma, por Tsukioka Yoshitoshi, 1887.

Esta influencia ha dado lugar a un fuerte énfasis en el estado mental y espiritual del practicante, un estado en el que se suspenden las funciones de racionalización y cálculo de la mente para que esta última, en conjunto con el cuerpo, puedan reaccionar inmediatamente como una unidad, reflejando la situación cambiante en torno el combatiente. Cuando este estado se perfecciona, la experiencia cotidiana del dualismo de sujeto y objeto se desvanece.

Debido a que este estado mental y físico también es central para el Taoísmo y el Zen, y debe ser experimentado para ser comprendido, muchos de sus seguidores practican las artes marciales como parte de su entrenamiento filosófico y espiritual. Igualmente, numerosos practicantes de las artes marciales, en sus formas armadas y desarmadas, emprenden la práctica de estas filosofías como un medio de desarrollo espiritual.

En realidad es una ardua y difícil tarea poder documentar con precisión el origen y otros aspectos de las artes marciales, debido a la falta de suficientes registros históricos, la naturaleza secretista de las relaciones entre maestros y alumnos, y las circunstancias políticas que rodean gran parte de su historia. Más aún, no sería para nada descabellado pensar qué se hayan aprendido, olvidado y vuelto a aprender muchas técnicas durante la historia de la humanidad y sus guerras. Pero de lo que si podemos estar seguros es que las artes marciales o de combate y el estilo de vida intrínseco en ellas llegó para quedarse, y vive como una ardiente y eterna llama en los corazones de sus practicantes.

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